Lorenzo Vargas Segovia LOR VAR

ADIÓS LOR VAR

ADIOS LOR VAR

Hugo Calderón Castañeda

Lorenzo Vargas Segovia LOR VAR
Lorenzo Vargas Segovia LOR VAR

Con música de mariachis y entre los acordes de “El Rey”, nuestro querido amigo Lorenzo Vargas Segovia, bajó a su última morada en el panteón municipal “La Leona”, de la colonia Carolina, la tarde del miércoles 25 de febrero.
Durante la misa de cuerpo presente celebrada en la capilla del cementerio, familiares y amigos de Lorenzo, escucharon atentos las palabras del sacerdote Abraham Cruz. Seguramente nuestro Señor Jesucristo lo recibirá entre sus brazos, dijo el padre Abraham, en el pequeño espacio de la capilla, construida por el Club Rotario entre los años de 1949 y 1952.
Sentado, junto al ataúd con los restos mortales de Lencho, como le decían muchos periodistas de antaño, Benito García Barba, el llamado decano de la prensa local, apoyado en su bastón, escuchaba las palabras del padre Cruz.
Somos peregrinos del mundo… expresó el prelado. Al pie de las escaleras, Luis Manuel Vargas, uno de los hijos de Lor Var, como era conocido también Lorenzo, cargaba a uno de sus sobrinos, nieto del fotógrafo.
La carroza donde hizo sú último viaje nuestro amigo Lor Var, aguardaba a un lado de la capilla donde se celebraba la misa de cuerpo presente. Las trompetas y violines de los mariachis, rompían el silencio del lugar.
Mientras, recordé las muchas veces que juntos, Lorenzo y yo, acudimos a este lugar, el viejo panteón de La Leona, a trabajar para los reportajes del día de muertos. También, de la gran cantidad de ocasiones que en las gradas del parque “Miguel Alemán” contiguo al panteón, escuchábamos los gritos de los aficionados y de los jugadores.
Y cuántos sepelios no cubrimos también. Solamente que esta vez, Lorenzo no traía su cámara entre sus manos. Ni yo la libreta para apuntar. No, Lor Var, el amigo y compañero de tantas batallas periodísticas, estaba tras el cristal de su ataúd.
Muy serio, como siempre, con su gorra. Se veía bien. Pero, ya no pude verlo sonreír como siempre que nos encontrábamos. El ¿qué pasó mano, cómo estás?, ya no se escuchó. Lo vi, con un color de cera, por última vez, dentro de su féretro, antes de decirle adiós.
Ya había terminado la misa, y el padre Abraham Cruz, antes de la bendición final había dicho: los santos saldrán a recibir a nuestro hermano Lorenzo, allá en el cielo, porque fue un hombre noble y bueno, bondadoso y amoroso.

Y sí, seguramente Lor Var, ya está junto al Señor, tras ser recibido por los santos. Ya está junto a sus queridos padres. Y sus hermanos. Además, de los muchos amigos y compañeros que se adelantaron. Don Pepe Gutiérrez y don Cristóbal Rojas, el profe Muciño, Ricardo Sámano, Sergio Nuñez, don Jaime Morales, don Jorge Mejía, el licenciado Efraín Pacheco, quienes fueron sus jefes y amigos en este tránsito terrenal, seguramente ya escucharon la voz de Lorenzo, quien tras saludarlos con respeto, les ha de haber dicho: van a ver qué manjar de fotos traigo.
Así era Lor Var. Sencillo, serio, responsable, trabajador. Su paso por muchas redacciones de los periódicos locales, lo recordamos horas después de su fallecimiento. La noche del 24, en los velatorios del panteón de la Paz. A fines de los años 70, lo inauguró el entonces gobernador Felipe Rivera Crespo, uno de los primeros mandatarios estatales con los que trabajó Lorenzo Vargas.
Luis Manuel recordó que su padre estimó mucho al ingeniero Rivera Crespo, y por eso, decidió que fuera velado allí.
A La Leona, desde la Paz, Lorenzo Vargas Segovia, en su último trayecto por su querida ciudad de Cuernavaca, de la que tantas fotos tomó, y que muchas de ellas quedaron plasmadas en el libro “Cuernavaca del Ayer”, arribó en una carroza de la funeraria “Anubis”.
Mientras su hijos y nietos, cargaban sobre sus hombros el ataúd con sus restos, los mariachis cantaban “murió mi padre y se me acabó el orgullo”. Interpretaron “Qué falta me hace mi padre”, y luego “Amor eterno”, en tanto llegaban a la fosa donde descansará para siempre Lor Var, y entre las estrofas de “El Rey”, bajó a la tierra.
Del gremio periodístico, Alfredo Salazar García, Mario Salazar Parra, así como Rogelio Zambrano y su hijo, estuvieron a despedir al amigo y compañero. Tito León Ocampo y su esposa Maru, también. Paco Melgar, compañero fotógrafo, presente. Cuco Reyes, quien fuera dirigente de los meseros hace años, triste por la muerte de Lorenzo, dijo “solamente se nos adelantó un poquito”. Y se fue caminando rumbo a la salida.

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